La verdad de las mentiras (III)

El gobierno cubano de estos años de socialismo ha conseguido elaborar una doctrina propia, un refrito de marxismo-leninismo con las ideas soberanistas y nacionalistas de José Martí, donde también tienen cabida todos los héroes nacionales que han destacado en la historia, desde las guerras independentistas hasta los tiempos republicanos. Para conseguirlo se ha apropiado de la porción adecuada de cada uno, y con una precisión de cirujano ha desechado de modo interesado todo lo demás, hasta el punto de hacerlos irreconocibles dentro de su contexto original. Con tan variopintos ingredientes es posible destacar unos y desmerecer otros según convenga a las circunstancias. Y por supuesto la vida de las personas queda a merced de la parte que se quiere potenciar en un momento determinado. En este sentido se puede oscilar entre la suerte y la desgracia con una pasmosa facilidad.
El régimen también tiene otro discurso más tangible para divulgar sus bondades. Una sociedad más o menos igualitaria que comprende un meritorio sistema de seguridad social y de educación, y el subsidio de bienes de consumo a la población, un asunto este vinculado al reparto equitativo de la escasez y que estaría destinado a desaparecer en una supuesta abundancia futura. Si en los años de apogeo comunista alguien hubiese tenido la ocurrencia de defender la Revolución únicamente con estos argumentos terrenales habría sido acusado de materialista -palabra maldita en la retórica comunista-y no compartir los ideales revolucionarios: los que hablan de una moralid
... (... continúa)La verdad de las mentiras ( II )

Desde una perspectiva histórica algunos especialistas que estudian la Revolución Cubana en su conjunto consideran que efectivamente hubo dos etapas: una revolución liberal que terminó al segundo año, y otra comunista o socialista que le sucedió a partir de 1961. Es lícito decir que en los procesos históricos sus protagonistas no se detienen en definiciones académicas establecidas a posteriori, ni en fechas consensuadas para definir una cronología determinada. Los que vivieron aquellos hechos no sabían nada de etapas porque evidentemente se vive de corrido no a saltos, y los golpes de timón que daban los líderes revolucionarios fueron interpretados por una gran parte de la sociedad como pequeñas traiciones y también de esperanzas, hasta que por acumulación de las primeras desaparecen las últimas. Por esta razón no se puede fijar con certeza el antes y el después. En este sentido podría decirse que cada sector de población perjudicado encontró su propio momento para sentirse traicionado, incluso los que se sintieron cómodos en los albores del régimen socialista, que aún desconocían hasta donde llegarían las prohibiciones y el corsé de las directrices comunistas.
Siguiendo la secuencia de los acontecimientos está claro que al comienzo los lideres de la Revolución no discriminaban mucho entre sus seguidores, de aquí sale lo que puede considerarse una gran alianza de clases sociales, pero todo cambió cuando se
... (... continúa)La verdad de las mentiras (I)

Diego de Saavedra Fajardo afirmó que “Todo el estudio de los políticos se emplea en cubrirle el rostro a la mentira y que parezca verdad, disimulando el engaño “, sería mucho suponer que la mayoría de los políticos conozcan la obra de este escritor y diplomático español del siglo XVII, pero lo cierto es que sus actos hacen honor a dicha máxima. En este empeño goebbeliano de mudar la mentira en verdad lleva el régimen de Fidel Castro casi medio siglo de existencia. Es tal el cúmulo de embustes en estos años que bien se podrían clasificar por categorías: la mentira más lograda, más creativa, las nocivas o inocuas, duraderas o efímeras, relevantes e insignificantes; así hasta abarcar todo el espectro cualitativo de lo incierto. Sin embargo hay una mentira, que considero la mayor de todas por su propia esencia, alcance y lo sostenida en el tiempo: la identificación de la Revolución Cubana con el Comunismo desde su alumbramiento, como si se estuviese ante la versión caribeña de la revolución bolchevique.
Al margen de la formación ideológica de algunos de sus líderes, que en mayor o menor medida pudieron simpatizar con el ideario comunista en la etapa prerrevolucionaria, en tal caso una vez tomado el poder no obraron bajo sus convicciones personales, lo hicieron adecuándose a las expectativas populares del momento. La Revolución Cubana de 1959, fue una revolución social de fuerte carácter populista y nacion
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